La palabra humanismo aparece
por primera vez en el siglo XIX y su sentido general es el de
“cultura literaria”, en oposición a “cultura
técnica o científica”.
El humanismo de los siglos XV y XVI presenta dos vertientes.
Ante todo es un movimiento cultural – estético,
literario y pedagógico – motivado por el deseo
de sus partidarios de liberarse del pensamiento dominante en
esos campos, volviendo a las fuentes antiguas (reditus ad fontes).
El humanismo es, si se quiere, un movimiento progresista que
obtiene sus recursos del pasado. Por otro lado, es una disciplina
científica, la filología de las lenguas antiguas,
basada en el método, o principio de método, la
crítica de los textos. Podemos también definir
el humanismo como el estudio, la explicación, la imitación
y la promoción de la cultura antigua realizadas para
devolver lo que es más humano al ser humano, su lenguaje,
más bello y elocuente.
El pensamiento dominante contra
el cual los humanistas reaccionaron se llamaba habitualmente
“escolástica”. El entusiasmo legítimo
generado por el redescubrimiento de Aristóteles durante
el siglo XI y la necesidad de basar el cristianismo en un sistema
filosófico lógico terminaron por modificar profundamente
la naturaleza de los estudios secundarios y superiores.
Entre las tres disciplinas de base (el trivium): la gramática,
la retórica y la dialéctica, esta última
siempre tendía a tomar mayor importancia entre las otras
dos.
En efecto, un lenguaje de la dialéctica, de la comunicación
filosófica estaba por fuerza destinado desarrollarse
y prosperar. Al mismo tiempo, las órdenes mendicantes
(siempre se piensa en la de los Dominicos, fundada en 1216,
y en la de los Franciscanos, en 1219) adquirieron cada vez más
poder, predominando progresivamente en el sistema universitario.
A ojos de los humanistas, la escolástica y los “hermanos”
eran los enemigos del buen lenguaje, de la buena letra, del
progreso.
¿Cuál era la mejor manera de resistir ante ellos
y promover un pensamiento y un estilo más “bellos
y elocuentes”? Resucitar y volver a poner en auge la estética
de la literatura antigua. Es así que, aún siendo
cristianos fervientes, los humanistas buscaron sus modelos en
un pasado que no había conocido Cristo. La tensión
inevitable entre el cristianismo y el paganismo dará
vida a una literatura “neolatina” de inspiración
pagana en cuanto a la forma, pero cristiana, o al menos contemporánea,
en cuanto al contenido.
En cuanto a la vertiente científica del humanismo, podemos
destacar dos aspectos.
En primer lugar, ha hecho avanzar, de manera directa, la ciencia
de la crítica textual, gracias a la investigación
de los manuscritos y a un mejor conocimiento de las lenguas
antiguas. También ha hecho un esfuerzo muy importante
para explicar y divulgar los autores antiguos; los humanistas
han sabido bien aprovechar la invención de la imprenta
(cerca del 1450). Seguidamente, mediante su crítica de
los textos, han jugado un papel esencial en la divulgación
de otros saberes. No podemos olvidar que las ciencias de la
época, naturales o otras, eran muy librescas y literarias.
Cuando se trataba, por ejemplo, del uso medicinal de las plantas,
los sabios se interesaban más por los cuentos de sus
ancianos que por la observación de los efectos reales.
Pero la literatura antigua había sido corrompida por
el proceso de su transmisión. Esforzándose en
restablecer estos textos en su estado primigenio para imitarlos
y utilizarlos a propósito, los humanistas se convirtieron
en eslabones de gran importancia en la cadena de transmisión.
Es así como dominaron en la difusión de la información
científica.
James HIRSTEIN
Universitario e investigador, miembro de la Sociedad de Amigos
de la Biblioteca Humanista de Sélestat.