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El interés que representa
la obra de Beato Renano es múltiple.
Principalmente es pedagógico.
El alumno de la escuela latina
de Sélestat nos ha dejado sus cuadernos de estudioso colegial
aplicado en poner por escrito las clases a las que tenía
la suerte de poder asistir en su ciudad natal; la pasión
de comprender los grandes clásicos latinos se evidencia
en el cuidado con el que transcribe las observaciones de sus maestros,
con una bella caligrafía, ya regular y ordenada, en las
enseñanzas de las que llena sus libros, transcribiendo
en alemán o incluso en dialecto los términos técnicos
raros, que designaban realidades cotidianas, familiares para los
niños de Sélestat y presentes en los poetas latinos
con vocablos exóticos, incluso para un alumno apasionado
por el latín.
La enseñanza cerca del 1500, conocida por el gran público
gracias a la fantasía de Rabelais con su abadía
de Thélème o por las reflexiones de Montaigne sobre
la Educación de los niños puede ser comprendida
en la biblioteca de Sélestat gracias a estos preciosos
cuadernos y textos anotados. En una época en la que la
juventud se convulsiona, donde la escuela se quebranta hasta sus
fundamentos, podemos preguntarnos entonces cuál era el
secreto de la escuela latina de Sélestat. En algunos decenios
se produjo un acopio de sabios que fijaron su admiración
en Erasmo de Rotterdam: “Mientras que otras ciudades sólo
crían hombres, tú creas genios. Tu fecundidad enriquece
el universo” (Elogio de Sélestat). Los cuadernos
conservados en la biblioteca, tanto los de Guillaume Gisenheim
como los de Beato Renano, dan probablemente una explicación
a este fenómeno de manera más directa y concreta
que el mítico cuadro de la abadía de Thélème.
Un interés también
filológico.
Siendo ya “sabio en una y
otra lengua” (lingua doctus utraque), según el hermoso
elogio de Erasmo, gracias a las lecciones de griego que recibió
en Paris y Basilea, Beato Renano desplegó una intensa actividad
de editor de los textos antiguos, desde los Padres de la Iglesia
a los autores clásicos, de Homero a Prudencio, de Tertuliano
a Eusebio de Cesárea, Séneca, Tácito, Tito
Livio, por citar sólo a los más importantes. Al
mismo tiempo, introduce con Froben las obras de Erasmo, de Tomás
Moro y las de otros humanistas mediante “Prefacios”
que preparan el terreno para un método filológico
seguro: ¿cómo descubrir las “buenas lecciones”
a pesar del deterioro de los textos transmitidos gracias a los
manuscritos ?
El interés de su obra es simplemente humano.
En efecto, la erudición
filológica no aleja a Beato Renano de los numerosos y graves
problemas que agitaron su época: la religión cristiana,
cimiento de la ciudad y fundamento de la moral es desmantelada
por la Reforma; los espíritus se irritaron, las ideas se
enfrentaron, el orden público estaba amenazado. Beato Renano
intentó salvaguardar la paz civil y reformar la religión
sin que le perjudicase. Entusiasta del pensamiento de Lutero,
era amigo íntimo de Zwingle, Bucer y Jean Sturm; este último,
quien escribió su biografía, aborrecía todo
exceso y optó por una reforma religiosa sin romper con
su pasado católico. Su sentido de la medida, su horror
por los tumultos, ¿se lo debe a su carácter alegre,
a su voluntad firme, apadrinando movimientos de humor y pasiones
destructoras, o se dejó forjar, con sus lecturas, por la
antigua sabiduría junto con la revelación cristiana,
influenciando a los autores que él editaba y a los que
leía, más numerosos y que constituirán su
biblioteca, de una riqueza y una variedad admirables?
Las dos fuentes de la civilización occidental fueron reunidas
por Beato Renano de modo ejemplar: antiguo humanismo y meditación
mística cristiana se codean en esta biblioteca y se mezclan
en la personalidad de Beato; esta última aporta la finura
de espíritu, destacada por sus contemporáneos, ese
equilibrio interior y la serenidad ante la tormenta de las discusiones,
que le permitieron crear un enlace entre los dos campos, sin compromisos
ni traición.
¿No es una invitación
a volver a las mismas fuentes para los contemporáneos desesperados,
que buscan un sentido a su existencia y un apaciguamiento de sus
angustias? Su obra y su biblioteca, religiosamente conservadas
desde hace siglos en la Ciudad de Sélestat, valorizadas
por el admirable trabajo de devotos y competentes bibliotecarios
como el abad Gény, el abad Clauss, el diácono Walter,
el abad Adam, por el trabajo científico de eruditos procedentes
de toda Europa, custodiadas por la “Sociedad de Amigos de
la Biblioteca Humanista”, esperan que les demos el lugar
adecuado en la vida cultural de Francia y, más allá,
de Europa.
La Universidad de Estrasburgo dará
al Instituto de latín el nombre de Beato Renano, en homenaje
a su labor de filólogo y a su contribución a la
reconciliación de las ideas y los pueblos de Europa. Del
12 al 15 de noviembre de 1998, un simposio reunirá a los
eruditos que han trabajado y, a su vez, reeditado los textos de
los que Beato Renano nos legó una edición en su
tiempo, algunas veces la edición “princeps”
y un segundo simposio interdisciplinario está previsto
para el año 2000 que dará luz a la contribución
humanista que ha dado a los grandes debates religiosos y políticos
de su siglo. La presente exposición constituye la primera
manifestación de esta rehabilitación de un gran
alsaciano, de un gran europeo y de un gran humanista.
François HEIM
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